La verdadera madurez

Cuando hablamos de madurez rápidamente nos puede llegar a la cabeza todos aquellos preceptos sociales como el de casarse, encontrar un trabajo digno, tener hij@s, etc. Pero en realidad la verdadera madurez no pasa tanto por lo que un@ hace, que también, sino más bien desde donde se hace. Lo más importante en el desarrollo de una persona es responsabilizarse, que no culparse de lo que un@ piensa, siente, y en consecuencia, pueda hacer. Con este argumento no se trata de  legitimar/justificar conductas  “deshumanizadas”. Es decir, que hay que discernir que hay conductas que son  inadmisibles. Pero lo que estamos tratando aquí es que si queremos desarrollarnos personalmente, lo cual implica madurar, principalmente tenemos que  poner el foco en nuestra mirada interior ya que difícilmente podremos transformar lo externo si no nos responsabilizamos primero de nuestras heridas y sombras.

La verdadera madurez radica en asumir aquellos aspectos mejorables de uno mism@ sin poner en exceso el foco en lo que está sucediendo fuera. Una vez nos centramos en la mirada interior empieza el verdadero juego donde podremos desarrollarnos personalmente. Aquí los caminos pueden ser varios pero independientemente de las herramientas que un@ decida escoger la actitud será primordial para hacer una transformación real. Más vale utilizar una herramienta pequeña con mucha actitud que viceversa. Me gusta recordar en mis sesiones que las herramientas, ni mucho menos, lo son todo. Son un medio para el encuentro con un@ mism@, pero no la solución en sí misma. 

También añadir que una verdadera madurez es asumir que en muchos momentos un@ mism@ necesita pedir ayuda. Es cierto que vivimos en una sociedad donde nos impulsa a creer que “podemos con todo” pero la realidad no es exactamente así. Son muchos los momentos/procesos que una persona puede vivir en los cuales  un buen acompañamiento suele ser de mucha utilidad. 

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